Ella era fuerte, un orgullo invencible y una humildad que apenas se veía. Él era el mejor, el ganador y al que reconocían todos. Y ellos juntos eran uno solo. Iguales en todos los sentidos, a ellos no se aplicaba el "los opuestos se atraen" eran odiosamente iguales. Pero no, algo cambió y al cumplir un año algo pasó y de la boca de ella salió: tengo que decirle adiós. Y así los que se iban a casar simplemente, ya no. La razón? la puta MONOTONÍA.